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	<title>Vida en equilibrio &#8211; Blog EDCO | Uniandes</title>
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	<title>Vida en equilibrio &#8211; Blog EDCO | Uniandes</title>
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		<title>Alimentación consciente: cómo transformar tu relación con la comida para mejorar tu bienestar</title>
		<link>https://blogedco.uniandes.edu.co/alimentacion-consciente-beneficios-para-tu-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ingrid Alexandra Alarcon]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2026 20:13:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vida en equilibrio]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
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					<description><![CDATA[Cada día tomamos decenas de decisiones relacionadas con la alimentación. Sin embargo, el ritmo acelerado de la vida, las múltiples distracciones y el estrés han hecho que muchas veces comamos de forma automática, sin prestar atención a lo que realmente necesita nuestro cuerpo. Como resultado, es frecuente confundir el hambre física con el hambre emocional, [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Cada día tomamos decenas de decisiones relacionadas con la alimentación. Sin embargo, el ritmo acelerado de la vida, las múltiples distracciones y el estrés han hecho que muchas veces comamos de forma automática, sin prestar atención a lo que realmente necesita nuestro cuerpo. Como resultado, es frecuente confundir el <strong>hambre física</strong> con el <strong>hambre emocional</strong>, lo que puede afectar nuestra relación con la comida y nuestro <strong>bienestar integral</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>alimentación consciente</strong>, también conocida como <em>mindful eating</em>, propone recuperar esa conexión. Más que una dieta, es una práctica de <strong>atención plena</strong> que invita a observar las señales del cuerpo, reconocer las emociones que influyen en nuestras decisiones alimentarias y convertir cada comida en un acto de <strong>autocuidado</strong>. Diversos estudios han demostrado que esta práctica favorece una mayor conciencia de las señales de hambre y saciedad, reduce la alimentación impulsiva y fortalece la autorregulación emocional, aspectos fundamentales para desarrollar <strong>hábitos saludables</strong> sostenibles en el tiempo (Salamea <em>et al</em>., 2019).</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es la alimentación consciente?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>alimentación consciente</strong> es una forma de relacionarse con la comida basada en prestar atención al momento presente mientras se come. En lugar de centrarse en restricciones o reglas, promueve <strong>observar con curiosidad y sin juzgar las sensaciones físicas, los pensamientos y las emociones que aparecen antes, durante y después de cada comida</strong>. Desde la perspectiva del <em>mindful eating</em>, comer conscientemente significa <strong>salir del &#8220;piloto automático&#8221;</strong> y prestar atención a cómo elegimos los alimentos, cuándo comemos y cómo responde nuestro cuerpo. Esta práctica ayuda a reconocer las señales de hambre física y saciedad, diferenciándolas de aquellas que surgen como respuesta al estrés, la ansiedad u otras emociones (Morillo y García-Campayo, 2017).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque cada persona puede experimentar efectos diferentes, los principales beneficios de la alimentación consciente son:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Reconocer la diferencia entre el <strong>hambre física</strong> y el <strong>hambre emocional</strong>.</li>



<li>Comer con mayor calma y disfrutar más de los alimentos.</li>



<li>Reducir la alimentación impulsiva asociada al estrés o la ansiedad.</li>



<li>Fortalecer hábitos de <strong>nutrición consciente</strong> y <strong>autocuidado</strong>.</li>



<li>Desarrollar una relación más amable y equilibrada con la comida.</li>



<li>Favorecer el <strong>bienestar integral</strong>, al prestar atención tanto a las necesidades físicas como emocionales (Salamea <em>et al</em>., 2019).</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de las dietas tradicionales, la nutrición consciente no busca controlar la alimentación mediante prohibiciones, sino <strong>fortalecer la capacidad de escuchar al cuerpo</strong> y tomar decisiones más informadas y respetuosas con las propias necesidades.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué hemos perdido la capacidad de escuchar nuestro cuerpo?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el cuerpo posee mecanismos naturales para indicar cuándo necesita alimento y cuándo ha alcanzado la saciedad, diversos factores del estilo de vida moderno dificultan reconocer esas señales. Uno de ellos es <strong>la velocidad con la que vivimos</strong>: Responder mensajes durante el almuerzo o terminar una comida en pocos minutos limita nuestra capacidad de percibir las sensaciones internas. A eso se suman horarios rígidos, dietas restrictivas y mensajes constantes sobre qué alimentos son &#8220;buenos&#8221; o &#8220;malos&#8221; pueden hacer que las personas desconfíen de las señales naturales de su organismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El estrés</strong> también desempeña un papel importante. En situaciones de tensión, el organismo <strong>activa respuestas fisiológicas que modifican el apetito y el comportamiento alimentario</strong>. Algunas personas experimentan pérdida del hambre, mientras que otras buscan alimentos ricos en azúcar o grasa como una forma de obtener alivio inmediato. Esta respuesta puede convertirse en un patrón habitual cuando el estrés es persistente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los investigadores que estudian el <em>mindful eating </em>señalan que muchas conductas alimentarias están asociadas a una disminución de la conciencia interoceptiva, es decir, de la capacidad para identificar correctamente las señales internas del cuerpo, como el hambre y la saciedad. Recuperar esta habilidad constituye uno de los principales objetivos de la alimentación consciente (Morillo y García-Campayo, 2017).</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Aprender a reconocer la diferencia entre hambre física y hambre emocional</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los principales aportes de la <strong>alimentación consciente</strong> es aprender a distinguir entre el <strong>hambre física</strong> y el <strong>hambre emocional</strong>. Aunque ambas pueden parecer similares, responden a necesidades diferentes y reconocerlas permite tomar decisiones más conscientes sobre la alimentación.</p>



<figure class="wp-block-table"><table class="has-fixed-layout"><thead><tr><th class="has-text-align-left" data-align="left"><strong>Hambre física</strong></th><th class="has-text-align-left" data-align="left"><strong>Hambre emocional</strong></th></tr></thead><tbody><tr><td class="has-text-align-left" data-align="left">Aparece de forma gradual</td><td class="has-text-align-left" data-align="left">Surge de manera repentina</td></tr><tr><td class="has-text-align-left" data-align="left">Responde a una necesidad de energía</td><td class="has-text-align-left" data-align="left">Se relaciona con emociones como el estrés, la ansiedad, la tristeza o el aburrimiento</td></tr><tr><td class="has-text-align-left" data-align="left">Puede satisfacerse con distintos alimentos</td><td class="has-text-align-left" data-align="left">Suele generar antojos por alimentos específicos, generalmente ricos en azúcar o grasa</td></tr><tr><td class="has-text-align-left" data-align="left">Desaparece al alcanzar la saciedad</td><td class="has-text-align-left" data-align="left">Puede persistir incluso después de comer y generar culpa o frustración</td></tr></tbody></table></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con varias investigaciones señaladas por Salamea y colaboradores (2019), practicar <strong>atención plena</strong> en la alimentación ayuda a identificar estas diferencias, fortaleciendo la capacidad de responder a las emociones sin recurrir automáticamente a la comida. Así, la <strong>nutrición consciente</strong> favorece una relación más saludable con los alimentos y contribuye a desarrollar <strong>hábitos saludables</strong> que promueven el <strong>bienestar integral</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La visión del ayurveda sobre la alimentación consciente</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para el <strong>ayurveda</strong>, la alimentación consciente va más allá de elegir alimentos saludables: implica prestar atención a <strong>cómo, cuándo y en qué estado físico y emocional comemos</strong>. Desde esta tradición, el acto de alimentarse influye tanto en la digestión como en el equilibrio entre el cuerpo, la mente y las emociones, por lo que cada comida representa una oportunidad para fortalecer el <strong>bienestar integral</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de otros enfoques centrados únicamente en el valor nutricional de los alimentos, el ayurveda considera que factores como el nivel de estrés, el ambiente, el ritmo de la comida e incluso la actitud con la que nos sentamos a la mesa pueden influir en la forma en que el organismo aprovecha los alimentos. El ayurveda contempla <strong>una visión más amplia del estilo de vida</strong>, en la que la alimentación, el descanso, el movimiento y el equilibrio emocional forman parte del mismo proceso de <strong>autocuidado</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Cinco hábitos inspirados en el ayurveda para transformar tu relación con la comida</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Adoptar una <strong>nutrición consciente</strong> no implica transformar por completo la rutina de un día para otro. De hecho, el ayurveda propone avanzar mediante pequeños cambios sostenibles que permitan fortalecer la conexión con el cuerpo y desarrollar <strong>hábitos saludables</strong> que puedan mantenerse en el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. Comer con presencia y sin distracciones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dedica unos minutos exclusivamente a la comida. Alejar el celular, apagar el televisor y comer con calma favorece la <strong>atención plena</strong>, permitiéndote disfrutar los sabores, reconocer las señales de <strong>hambre física</strong> y percibir cuándo has alcanzado la saciedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. Respetar el ritmo natural del cuerpo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mantener horarios regulares para las comidas ayuda al organismo a regular mejor el apetito y disminuye la tendencia a comer de forma impulsiva. Más que seguir el reloj, observa cómo responde tu cuerpo cuando existe un equilibrio entre alimentación, descanso y actividad física.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Comer hasta sentirse satisfecho, no completamente lleno</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El ayurveda invita a comer despacio, masticar bien y hacer pequeñas pausas durante la comida. Estos hábitos permiten que el cuerpo registre la sensación de saciedad y favorecen una relación más equilibrada con los alimentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Observar las emociones antes de comer</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de comer, haz una breve pausa y pregúntate si se trata de <strong>hambre física</strong> o de una emoción como el estrés, el cansancio o el aburrimiento. Este sencillo ejercicio de <strong>nutrición consciente</strong> ayuda a responder de forma más adecuada a las necesidades del cuerpo y las emociones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ejercicio no pretende impedir que comas cuando sientes emociones intensas, sino elegir con mayor libertad cómo atender esa necesidad emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. Convertir la alimentación en un acto de autocuidado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Elegir alimentos que te nutran, disfrutar su preparación y comer con gratitud son prácticas que fortalecen una relación más saludable con la comida. Más que buscar la perfección, la alimentación consciente invita a aprender de cada experiencia y a hacer del <strong>autocuidado</strong> un hábito cotidiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si quieres profundizar en los principios del ayurveda y comprender cómo esta tradición puede ayudarte a desarrollar hábitos de autocuidado y bienestar integral, conoce el <strong>curso de </strong><a href="https://educacioncontinua.uniandes.edu.co/ayurveda-alimentacion-consciente-y-bienestar/p"><strong>Ayurveda y alimentación consciente | Educación Continua Uniandes</strong></a>. Allí aprenderás los fundamentos de esta disciplina y descubrirás cómo incorporar sus enseñanzas de forma práctica y responsable en tu vida cotidiana. Explora también la oferta de programas en bienestar y estilo de vida de Educación Continua Uniandes y continúa fortaleciendo tu salud física, mental y emocional.</p>



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</div>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Referencias:</strong></h4>



<ul class="wp-block-list">
<li>Morillo, H., y García-Campayo, J. (2017). <em>Mindful eating</em>. <em>Psicosomática y Psiquiatría, (2)</em>, 3–6.</li>



<li>Salamea, P., Fernández, J. y Cedillo, L. (2019). Alimentación consciente (<em>Mindful Eating</em>): revisión de la evidencia científica y aplicaciones clínicas. <em>Revista Espacios, 40</em>(40). https://www.revistaespacios.com/a19v40n40/19404026.html</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Lo que el Mundial nos enseña sobre adaptarnos al cambio</title>
		<link>https://blogedco.uniandes.edu.co/mundial-y-adaptacion-al-cambio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Catalina Garzón Mayorga]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jul 2026 20:18:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vida en equilibrio]]></category>
		<category><![CDATA[Humanidades]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando fui a inscribir a mis hijos por primera vez en el colegio, el director nos dijo dos cosas que me marcaron. Uno, que en mi teléfono tengo más capacidad de memoria de la que tenía la NASA entera al momento de enviar al hombre a la luna; y dos, que el 85% de sus [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Cuando fui a inscribir a mis hijos por primera vez en el colegio, el director nos dijo dos cosas que me marcaron. Uno, que en mi teléfono tengo más capacidad de memoria de la que tenía la NASA entera al momento de enviar al hombre a la luna; y dos, que el 85% de sus hijos van a trabajar en profesiones que hoy en día no existen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asumiendo que ambas cosas son verdad, <strong>¿cómo nos preparamos para un futuro totalmente incierto?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es una pregunta difícil de responder. Lo que les puedo decir es que, hoy, varios años después de escuchar al director del colegio decir lo que dijo, lo único que veo con certeza es <strong>el cambio como una constante</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aunque solemos asociar esta realidad con la tecnología, la educación o el mundo laboral, también es visible en escenarios que millones de personas siguen cada día. Los cambios que ha experimentado el Mundial en las últimas décadas ofrecen una oportunidad interesante para reflexionar sobre <strong>cómo reaccionamos ante lo nuevo</strong>, por qué nos resistimos a ciertas transformaciones y qué podemos aprender de ellas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El cambio es la única constante</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La anécdota del director resume algo que pocas veces nos detenemos a pensar. El 85% de los trabajos del futuro todavía no existen, y eso no es una curiosidad aislada, es la prueba de que el mundo cambia de forma constante y cada vez más rápido. <strong>Lo que hoy nos parece estable, dentro de pocos años puede ser irreconocible.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Mundial de fútbol no es la excepción a esa regla. Es, de hecho, un ejemplo perfecto de cómo una institución que parece inmutable se transforma constantemente para mantenerse vigente, y por eso vale la pena mirarlo de cerca.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Innovar implica probar, equivocarse y corregir</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El fútbol que vemos hoy no es el mismo que se jugaba hace cien años. En 1930 no existían las tarjetas amarillas. Tampoco existían las sustituciones de jugadores. La regla del <em>offside </em>pasivo (fuera de juego), que hoy nos parece de toda la vida, también fue una novedad en su momento. Lo mismo pasó con el Video Assistant Referee (VAR), que cuando se introdujo generó tanta resistencia como la que vemos hoy con cualquier cambio nuevo. Todas estas modificaciones llegaron para quedarse y hoy nadie las cuestiona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero <strong>no todos los cambios sobreviven</strong>. En el Mundial de Sudáfrica 2010 se usó el balón Jabulani, prácticamente sin costuras, y los arqueros se quejaron durante todo el torneo de que se movía de forma impredecible en el aire. FIFA escuchó las críticas y no volvió a repetir ese diseño. Algo parecido pasó con el gol de oro, esa regla que decía que en tiempo extra el primer equipo en anotar ganaba el partido de inmediato, duró menos de una década. Tanto jugadores como aficionados la consideraban injusta porque un gol de pura suerte en el minuto 91 podía decidir todo, así que FIFA y la IFAB (International Football Association Board) la eliminaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿La lección? No todo cambio que se intenta se queda. Pero eso no es un argumento contra el cambio, es la prueba de que <strong>el sistema sí filtra lo que funciona de lo que no.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Toda mejora tiene un costo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí hay que ser honestos. La razón principal detrás de la mayoría de estos cambios es <strong>mejorar el negocio</strong>. Y sí, leyeron bien, negocio. El fútbol profesional es ante todo una industria, y como toda industria, busca crecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que todos los cambios sean fríos o puramente comerciales. Dentro de esa búsqueda de mejorar el negocio también <strong>se protege al jugador</strong>, porque un jugador sano es un activo que vale más. Ahí entran el protocolo de conmociones cerebrales y las cinco sustituciones por partido, que llegaron durante la pandemia como medida de emergencia y se quedaron porque funcionaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hay cambios que buscan <strong>mejorar el espectáculo</strong>, porque un mejor espectáculo atrae más patrocinadores. La pausa de hidratación es el ejemplo perfecto del 2026. Sé que va en contra de lo que estamos acostumbrados a ver, un partido que se detiene a la mitad de cada tiempo. Pero esa pausa le da al jugador minutos adicionales de descanso, y al mismo tiempo le da a los patrocinadores un espacio para incluir su publicidad. Aquí toca ser coherentes. No podemos quejarnos de que la inauguración del mundial no fue un espectáculo al estilo del show de medio tiempo del Super Bowl, y al mismo tiempo quejarnos de la pausa de hidratación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si queremos una mejor experiencia, esa experiencia cuesta, y alguien tiene que pagarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y algo más, ese dinero que se recauda con patrocinadores adicionales no va solo a mejorar el espectáculo y contratar más artistas. FIFA también ha apostado fuerte por <strong>expandir el fútbol a nivel mundial</strong>. Ejemplos de ello son el programa FIFA Forward para financiar proyectos dentro del fútbol, el incremento exponencial en apoyo al fútbol femenino, los programas académicos, y toda la estructura que sostiene tribunales del fútbol, organismos de ética y supervisión, entre muchos otros. Lo que parece simple mercadeo termina sosteniendo una institución mucho más grande de lo que vemos en la cancha.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Adaptarse no significa aceptar todo sin cuestionarlo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a esta realidad veo dos caminos posibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero es entender que somos clientes, no fanáticos. Y como clientes, <strong>tenemos las mismas armas que cualquier consumidor frente a un producto o servicio</strong>. Si un cambio viola nuestros derechos como consumidores, por ejemplo un aumento de precios sin justificación o una alteración del servicio que se nos prometió, podemos acudir a las vías legales correspondientes. Y si simplemente no nos gusta el producto, tenemos la opción más simple de todas, dejar de consumirlo. Nadie nos obliga a comprar la entrada o la suscripción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo camino, y el que parece haber tomado la mayoría, es <strong>disfrutar mientras se alza la voz</strong>. Quejarse en redes sociales, comentar con los amigos, debatir en la mesa de un bar, pero sin dejar de ver el partido. Es una opción legítima. Al final, uno puede tener una opinión crítica sobre un producto y seguir consumiéndolo, eso no nos hace incoherentes, nos hace seres humanos con matices.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué nos cuesta tanto aceptar los cambios?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de cerrar, vale la pena entender por qué nos cuesta tanto aceptar estos cambios. El <em>status quo</em> nos da seguridad porque sabemos exactamente qué esperar. El cambio, en cambio, genera ansiedad porque nos enfrenta a lo desconocido. Por eso nos gusta ver la misma película varias veces o escuchar la misma canción hasta el cansancio, no porque sea la mejor opción disponible, sino porque ya la conocemos y nos gusta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, que el <em>status quo</em> nos dé esa sensación de certeza no significa que no debamos cambiar. Significa que <strong>el cambio siempre va a incomodar al principio, así sea un cambio bueno</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la enseñanza más importante de aquella conversación en el colegio no era que surgirían nuevas profesiones o que la tecnología seguiría avanzando. Era entender que <strong>el cambio seguirá ocurriendo, nos guste o no</strong>. La pregunta no es cómo evitarlo, sino <strong>cómo desarrollar la capacidad de adaptarnos, aprender y tomar mejores decisiones frente a él</strong>.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Autor: Luis Alejandro Fernández Aguilera, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes.</h4>
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